| CENTRO DE ESTUDIOS Y DIFUSIÓN DE LA CULTURA ANDINA | |
| BARTOLOMÉ DE LAS CASAS | |
INTRODUCCION
Diego de Trujillo fue uno de los hombres de a pie de la hueste de Pizarro, como consta en el acta del reparto del rescate de Atau Hualpa, del que le correspondió la cantidad de 3.330 pesos de oro y 1.583 marcos de plata. Como queda referido en su Relación, participó activamente en varias misiones de reconocimiento de la tierra que Pizarro encomendaba a hombres de confianza. Siendo, como era natural, de la tierra natal del Gobernador, esa confianza estaba justificada y quedó confirmada más tarde en las declaraciones que prestó en el pleito contra Hernando Pizarro, en España, a su regreso después de 1536, desde Guatemala, adonde había ido acompañando al Adelantado D. Pedro de Alvarado. No obstante, la añoranza de las tierras andinas, o su espíritu inquieto y aventurero le empujaron a regresar al Perú en 1547, estableciéndose como vecino en la ciudad del Cuzco. Todavía tuvo tiempo de verse envuelto en los conflictos de las guerras civiles, pero su dudosa lealtad a Francisco Pizarro no fue causa suficiente para que figurara en la lista de traidores a la causa realista, cuyos bienes fueron confiscados. Siguió viviendo en el Cuzco, respetado como todos los viejos conquistadores, conservando el recuerdo de sus empresas de juventud.
Sus declaraciones como testigo, en algunos pleitos y probanzas de mérito de algunos de sus antiguos compañeros de armas, proporcionaron los escasos datos sobre su biografía que recoge Porras Barrenechea en el estudio sobre el relato de Trujillo, entonces inédito, que presentó al XXVI Congreso Internacional de Americanistas, celebrado en Sevilla en 1935 (1).
Trujillo escribió su Relación por mandato del Virrey D. Francisco de Toledo, interesado en conocer todo cuanto fuera posible sobre el pasado de los Incas, pero también de la todavía reciente historia de los hechos de los españoles en tierras andinas. Es posible, como sugiere Porras, que en compensación a este servicio, otorgara el Virrey al viejo conquistador una encomienda de indios, reparando la falta de generosidad de sus antecesores para con algunos de los hombres que ayudaron a establecer el virreinato pe-ruano. El conquistador septuagenario pudo vivir así con el decoro que convenía a la grandeza de sus recuerdos. Alejado de los horrores y de los cargos remunerativos, se acusa en su personalidad una benévola inclinación para los indios. Consta que Diego de Trujillo acogió en su casa y fue tutor de los nietos de Atahualpa (2). Porras estima que su muerte debió ocurrir en el Cuzco entre 1574, fecha en que aún presta una declaración, y 1575.
El contenido del texto de Trujillo completa y amplía positivamente al de Xerez, en dos sentidos: por una parte, recoge hechos posteriores a la salida de Pizarro de Cajamarca, y esto permitirá al lector conocer las jornadas que culminaron en la entrada de los españoles en el Cuzco, del que sólo encontramos alguna referencia en la obra de Xerez. Pero sobre todo, Trujillo completa los datos de aquél en lo que se refiere al viaje hasta Cajamarca, porque con la perspectiva que le da el tiempo transcurrido desde que estos hechos tuvieron lugar hasta el momento en que escribe su Relación, nos aclara los nombres de los lugares, ya suficientemente conocidos e identificados, sobre todo los de la costa que en la Verdadera Relación adolecen de imprecisión, cuando no están totalmente ausentes de ella.
El manuscrito de la Relación de Diego de Trujillo se conserva en el volumen XXXII de la Miscelánea de Ayala, en la Biblioteca del Palacio Real de Madrid. Se trata de una copia con letra del siglo XVIII, escrita en 17 hojas con 34 páginas en total.
Aunque como señala Porras, fue conocida y citada esta copia, por León Pinelo, pasó inadvertida para los curiosos y eruditos investigadores del siglo XIX, y ha sido este historiador peruano el que la dio a conocer ya desde la mencionada fecha de 1935. No obstante, su primera edición, al cuidado de su descubridor, data de 1948 (3). Posteriormente ha sido publicada en tres ocasiones (4). Esperamos con nuestra aportación hacerla más asequible a los interesados en el conocimiento del trascendental capítulo de la Historia que representó el primer contacto entre el mundo europeo y el desconocido y fascinante mundo del Tahuantinsuyu.
NOTAS:
(1) Raúl Porras Barrenechea: Una Relación inédita de la Conquista del Perú. (La crónica de Diego Trujillo, soldado de Pizarro en Cajamarca), trabajo presentado al XXVI Congreso Internacional de Americanistas de Sevilla, reunido en octubre de 1935. C. Bermejo, impresor. Madrid, 1940. (2) Porras, obra citada, p. 7. (3) Diego de Trujillo: Relación del Descubrimiento del Reino del Perú, edición, prólogo y notas de Raúl Porras Barrenechea, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, 1948. En ese mismo año apareció también en la Revista Estudios Hispanoamericanos, de Badajoz, con un estudio introductorio de Miguel Muñoz de San Pedro. (4) a) Biblioteca peruana. El Perú a través de los siglos. Primera serie. Editores Técnicos Asociados, Lima 1968. Tomo II, pp. 9-105. Reproduce íntegra la edición de Porras de 1948. b) Conde de Canilleros, Tres testigos de la conquista del Perú (Hernando Pizarro, Juan de Arce y Diego Trujillo), Col. Austral, Espasa Calpe, Madrid, 1964. c) Abad Romeo Castilla, Tres Testigos de la conquista del Perú. Ariel Limitada, Guayaquil-Quito, Ecuador 1975, pp. 107-138, presenta el texto, sin notas, tal y como aparece en la presente edición. |
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